PONENCIA: LA VIOLENCIA EN EL DEPORTE
MESA: LAS DISTINTAS ÁREAS DEL PERIODISMO
TÍTULO:“La guerra en los medios. Las caras del conflicto”
LA VIOLENCIA EN EL DEPORTE.
Carlos Calderón Cardoso
Podríamos definir la violencia como el uso o la amenaza de la fuerza física o psicológica con intención de hacer daño de manera recurrente y sobre todo como una forma de resolver los conflictos. La violencia tiene relación con la agresividad y la agresión tiene una base psicológica en la frustración, pero para que esto desemboque en acciones violentas concretas deben combinarse una serie de características que obedecen a un complejo conjunto de elementos personales, sociales y culturales.
La violencia se manifiesta de manera multidimensional, es por ello que para explicar este fenómeno es necesario considerar los distintos factores que interactúan: por un lado, aquellos relacionados con la situación social, económica y cultural y por otro, los de carácter contextual e institucional.
El incremento de la violencia en sus distintas manifestaciones produce en la población un creciente clima de inseguridad y una pérdida de credibilidad en las instituciones de la sociedad y afecta los derechos básicos de las personas constituyéndose en un obstáculo para el desarrollo personal y social.
Para poder observar con amplitud el problema de la violencia, tendríamos que identificar algunas de las causas que la generan. Podemos enumerar factores que inciden significativamente y contribuyen a generar esta situación inédita, aunque no sean los únicos determinantes de este fenómeno: el incremento de la población en situación de pobreza y de alto riesgo social, la difícil situación laboral, las condiciones de exclusión de amplios sectores , la imposibilidad de participar y acceder a los bienes económicos, políticos y culturales que la sociedad produce y la desintegración de los vínculos sociales, entre otras, afectando al conjunto social.
Podemos afirmar que el deporte es parte inseparable de la cultura y educación de los pueblos. Para nosotros significa una parte importante de nuestras vidas; esto se demuestra en la pasión que le ponemos al practicarlo y al asistir a diferentes espectáculos y eventos deportivos.
El problema de la violencia en la vida del hombre no es nuevo. Es sabido que desde la Edad de Piedra, el hombre se preparó para enfrentar los obstáculos que la naturaleza le fue poniendo en su camino, para convertirse en el amo y señor del planeta. Desde los inicios de la vida social, existieron peleas y guerras en las que los hombres participaron. Desde las lanzas, arcos y flechas, hasta la pólvora y las bombas nucleares y bacteriológicas, el hombre fabricó armas para sostener esas guerras.
Es verdad, sin embargo, que el siglo XX fue el más violento de todos. En los últimos años los grandes cambios sociales y políticos que han atravesado nuestras sociedades han dejado fuertes modificaciones en la estructura social y su dinámica. Es significativo observar cómo este problema afecta a todos los ámbitos sociales y culturales, incluyendo al deporte.
Ahora bien, la violencia que la encontramos desde los ámbitos más cercanos y simples y que van desembocando en formas más complejas, desde la familiar, física, psicológica, sexual, política y hasta la institucional, va desarrollando una cultura del miedo: cualquiera de nosotros en algún momento de nuestras vidas ha sentido o experimentado algún tipo de violencia.
Estas experiencias se traducen en temores, "que actúan sobre las redes sociales generando víctimas indirectas, aquellos que no han sido afectados por las manifestaciones de violencia pero cuyo temor los lleva a producir cambios en sus hábitos, conductas y costumbres en detrimento de su calidad de vida", originando una sensación de inseguridad en lo cotidiano, en las personas, en la sociedad, en pueblos enteros y en el mundo mismo, cuando esta violencia trasgrede los espacios y desemboca en conflictos internacionales, en guerras.
El deporte, parte intrínseca de la sociedad, se ha visto afectado por esta violencia que afecta al ser humano en todos sus ámbitos. Habaré del futbol que es el deporte que me concierne por dedicarme profesionalmente a su investigación. Después de finalizada la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, los encuentros internacionales de futbol se restablecieron entre los países aliados, mientras que los del bando contrario, quedaban excluidos de manera tácita. Cuando se planteó la posibilidad de realizar una Copa del Mundo, algunos países como Inglaterra exigieron en la reunión de Amberes, que el campeonato llamado Mundial, solamente podía realizarse con países aliados y neutrales, pero no con los “enemigos” (se llamaba enemigos a futbolistas que tal vez nada tuvieron que ver con la guerra). Tal propuesta fue rechazada, por lo que los representantes de Inglaterra dimitieron de participar en la Primera Copa del Mundo de 1930 al no ser admitida su petición, generando un tipo nuevo de violencia cuando el conflicto ya había concluido, una violencia de presión.
El Mundial de 1938, realizado en Francia, vivió diferentes momentos buenos y malos, pero lo más sensacional de aquella competencia, lo protagonizaron sin duda Alemania y Austria. El 5 de marzo de aquel año, tres meses antes de iniciarse la Copa del Mundo, los organizadores se reunieron en el Ministerio de Asusntos Exteriores de Francia con los representantes de Alemania y Austria en un intento deportivo de evitar el enfrentamiento bélico, todo parecía marchar con normalidad y los organizadores salieron satisfechos de dicha reunión. Sin embago, un mes después, el 12 de abril, justo cuando se confeccionaba el calendario según el cual Austria y Suecia deberían enfrentarse el 5 de junio durante los cuartos de final, se recibió una llamada importante de la Federación Alemana para anunciarles, que como consecuencia del “Anschluss”, la Asociación de Austria acababa de dejar de existir como tal y por tanto renunciaban a participar en la justa francesa. El Anschluss, no era sino la decisión de Alemania dirigida por el austriaco Adolfo Hitler de invadir y anexionar a territorio germano a la bella Austria. Por tanto, el III Reich consideró como propios a los jugadores austriacos, por lo que incorporó a las estrellas de aquel país a la selección alemana durante la Copa del Mundo, sobre advertencia, que de no participar, serían vejados. Lamentablemente, el futbol comenzaba a ser influido, presionado y agredido por la política, la violencia y el terrorismo.
Pero, tal vez la peor tragedia de aquellos años bélicos, fue la experimentada por los jugadores del Dinamo de Kiev, quienes en plena guerra supieron que el futbol era para los nazis cuestión de estado. En Ucrania, en plena ocupación alemana, fueron forzados a jugar contra una selección de Hitler en el estadio local y les advirtieron: si ganan se mueren. Entraron resignados al campo de juego sabiendo que tenían que perder, pero no pudieron aguantarse la dignidad que les daba su camiseta y su país y derrocaron a los teutones ante la indignación de los máximos dirigentes. Sobra decir que los once fueron fusilados con las casacas bien puestas en lo alto de un barranco minutos después de que el partido concluyó.
Lamentablemente el deporte de una u otra forma siempre se ha visto inmerso en la guerra, unas veces para mal y otras para bien. Un caso de esto último lo tenemos en el año de 1934, cuando Bolivia y paraguay se destrozaban en la Guerra del Chaco por un pedazo de tierra desértico, la Cruz Roja paraguaya formó un equipo de futbol que disputó varios encuentros en territorio argentino y uruguayo, incluyendo un encuentro contra pacifistas bolivianos. El dinero que se juntó con dichos partidos, que fue bastante por cierto, se utilizó para atender a los heridos de ambos bandos en el campo de batalla.
Tres años después, en 1937, la guerra Civil española enfrentó ahermanos ibéricos que se hacían trizas entre ellos. Mientras el general Franco destrozaba la república española, dos conjuntos futboleros servían de bandera a la resistencia democrática. Una selección vasca recorría Europa y América y el club Barcelona, disputaba series en Estados Unidos y México, los primeros con la misión propagandística en favor de la República y con la intención de recaudar fondos para sus hermanos que caían cruzados por las balas. Mientras que el Barcelona, cuyo presidente había sido fusilado por los franquistas, llevaba el mensaje de la democracia y la desesperanza del pueblo español en su paso por diferentes canchas del continente americano. Ambos, -comenta Eduardo Galeano en su libro El futbol a sol y sombra, “encarnaron en los campos de futbol y también fuera de ellos, a la democracia acosada”. Cuando triunfó el franquismo, la FIFA que supuestamente debía defender la integridad de los futbolistas, declaró en rebeldía a los jugadores exiliados y los amenazó con la inhabilitación definitiva sino se reportaban inmediatamente con su federación.
El Real Madrid junto con sus dirigentes pro franquistas, se convirtieron en el equipo favorito del régimen y la contratación de grandes estrellas no se hizo esperar, claro, con fondos gubernamentales. El club Modelo del franquismo, dominó Europa con sus títulos en las décadas siguientes y atrajo más adeptos al régimen con sus goles que con el himno Cara al Sol.
En 1956 varios jugadores húngaros como Kubala, Puskas, Czibor y Kocsis, fueron sancionados un año por FIFA por jugar en un equipo exiliado cuando huyeron de su país ante la invasión soviética que aplastó a la insurrección popular del país magyar.
En 1958, en plena guerra de independencia, Argelia logró conformar una selección que por primera vez vistió los colores nacionales, sin embargo, la mayoría de sus elementos jugaban profesionalmente en Francia y -nuevamente la FIFA- y la Federacción gala, decidieron vetarlos. La Federación Internacional de Futbol Asociación, cerró todas las puertas a los argelinos, quienes solamente pudieron disputar un encuentro frente a Marruecos, país que por semejante “pecado”, había sido desafiliada de FIFA unos años antes. Vemos un caso de violencia institucional.
Hablemos de otra forma de violencia y discriminación. El racismo.
El racismo es una teoría fundamentada en el prejuicio según el cual hay razas humanas que presentan diferencias biológicas que justifican relaciones de dominio entre ellas, así como comportamientos de rechazo o agresión. El término 'racismo' se aplica tanto a esta doctrina como al comportamiento inspirado en ella y se relaciona frecuentemente con la xenofobia y la segregación social, que son sus manifestaciones más evidentes.
En el deporte, desgraciadamente también existe el racismo. En 1916 en el primer campeonato sudamericano, Uruguay jugó frente a Chile, al que goleó 4-0. Los representantes de Chile, pidieron la anulación del encuentro porque la selección charrúa había alineado a dos negros: Isabelino Gradín y Juan Delgado, ambos, bisnietos de esclavos africanos, ambos, por supuesto nacidos en Uruguay. La controversia cesó cuando, con papeles, demostraron su procedencia, pero el racismo estaba ahí, cuando nadie podía creer que por ser negros pudieran ser uruguayos.
En Brasil, país que se ha destacado por la magia de su juego, y donde sus jugadores de color maravillan al mundo, en las primeras décadas del siglo XX eran hechos, sin más, a un lado. En 1921, la Copa América se realizó en Argentina. Epitácio Pessoa, presidente de Brasil determinó un mandato de blancura, en el que se especificaba que ningún jugador de piel morena podía pertenecer a la selección nacional, por razones de prestigio patrio. Ante esta discriminación, el conjunto brasileño perdió sus encuentros plagado por elementos blancos en una época que era un crimen ser jugador negro en el futbol carioca. Tiempo después, el futbol de aquel país, aún a pesar de personajes como Pessoa, se tiñó de colores y gracias a su talento y multicolorido racial, que es hoy en día el parteaguas del futbol mundial. Los mejores jugadores en la historia del balompié brasileño, han sido negros, desde Friederich (un mulato hijo de alemán y de una lavandera negra), hasta Romario, pasando por Leónidas, Didí, Garrincha y por su puesto el rey de todos: Pelé. Sin embargo, en deportes de ricos como el tenis y el automovilismo, es significativo que nunca, un negro, ha sido campeón nacional, por lo que aún hoy en día, vemos que en general, el negro tiende a estar por debajo del blanco en la escala social del Brasil.
El antisemitismo que representa una de las formas más extremas y violentas del racismo, llegó al paroxismo con el nacionalsocialismo, responsable del genocidio de los judíos durante la II Guerra Mundial. La valorización sistemática de la idea del dominio de una 'raza superior', que constituía la base ideológica del Holocausto, engendró fenómenos de rechazo (segregación, creación de guetos), de avasallamiento (trabajos forzados), de expulsión (desplazamiento de poblaciones) y finalmente llevó al genocidio.
El caso más significativo de “raza superior” se dio durante la Olimpiada de Berlín. Realizados en 1936, los Juegos Olímpicos denostaron un claro ideal racista, los atletas alemanes preparados desde su niñez, tenían el fin de pasar por encima de todos aquellos que no fueran blancos, altos y puros. Claro que el guión no estaba escrito y un negro norteamericano, Jesse Owens fue la gran figura de una olimpada hecha por blancos para ser ganada por blancos. Owens obtuvo cuatro medallas de oro en los 100 y 200 metros, salto de longitud y relevo 4x100 demostrando que la supuesta superioridad, eran puras pamplinas.
El equipo danes Farum, en pleno siglo XXI, no contrata negros "Esos jugadores, comenta el entrenador Christian Anderson, proceden de otra cultura futbolística, y nosotros no estamos preparados para integrarlos ni queremos emplear nuestros recursos en hacerlo".
Cuando Freddy Rincón pasó a las filas del Real Madrid, hace unos años, fue insultado y abucheado por la afición radical del equipo. Se dieron pintas en las paredes del estadio insultando al mediocampista internacional al que no le quedó otro remedio que marcharse del equipo.
El defensa brasileño, Julio César, también tuvo que soportar actos racistas, pero esta vez en Alemania, mientras jugaba en el Borussia Dortmund, que tuvo que poner un alto a este grupo de supuestos aficionados claramente identificados, negándoles la entrada al estadio.
En el fútbol italiano, el jugador negro de origen holandés, Clarence Seedorf, que milita en las filas del Inter de Milán, tuvo que soportar noventa minutos de insultos y pitidos mientras su equipo disputaba un partido en el campo de la Lazio.
Por el contrario el equipo de segunda división, Hannover 96, es el primer club de fútbol alemán en sacar tarjeta roja a los neonazis, al anunciar la prohibición de todo símbolo, palabra y afiche racista en su estadio en Hannover.
"Queremos poner de manifiesto nuestra oposición al racismo y a la violencia", declaró el jefe del club, Martin Kind. Toda persona que no cumpla con la prohibición en el estadio de Hannover "Niedersachsen-Stadion" será excluído por el resto del partido. Si la persona inflinge esta prohibición por segunda vez, podría recibir una exclusión del estadio durante dos años.
Hoy en día, en pleno siglo XXI, la violencia, el racismo, la xenofobia, la guerra y el terrorismo mundial asola nuestra cotidianeidad. El atentado del 11 de septiembre a las torres gemelas de Nueva York y al Pentagono, así como el contrataque estadounidense no solo al régimen talibán sino a una nación completa no es sino una respuesta a la violencia ancestral, a la xenofobia, al racismo, a la diferencias religiosas, políticas, económicas y al sentido de superioridad que cada parte siente sobre la otra. En este sentido, el que el deporte norteamericano quedara sin el protagonismo que normalmente ostenta, pasa a un segundo plano, lo que debe interesarnos es crear una cultura sin violencia que permee a todos los ámbitos sociales, políticos, económicos, intelectuales y desde luego deportivos. Crear un respeto por el individuo que está a un lado de nosotros, comenzar por ahí para poco a poco, respetar a todos los demás que nos rodean, concientizarnos que todos pensamos diferente y que las distintas religiones, no son mas que formas diferentes pero cada una respetable, de alabar a un dios para sentirse uno bien consigo mismo.
Tomemos 22 hombres, de diferentes razas, credos, idiomas y condiciones físicas y sociales, pongámosles un balón enfrente y todos sin chistar sabran que hacer con él y cuando un gol se pose en la meta contraria, los once miembros del equipo anotador reirán, se felicitarán y celebrarán como hermanos aquel gol. El futbol traspone todas las fronteras, todas las barreras de lengua o raza. Jean Giraudoux dijo que “en nuestro universo actual, donde todas las naciones se han convertido en nacionalistas y se rodean de murallas –de aranceles u odios- tan sólidas como las de China, no hay más que dos organizaciones de carácter internacional: la de las guerras y la de los juegos” Creo que ha llegado el momento de apostar más por esta última que por las primeras. El deporte es símbolo de paz universal entre todas la razas y clases sociales, basta un balón para que las diferencias desaparezcan y el hombre se vuelva semejante a todos los demás hombres. Si los conflictos mundiales: políticos, sociales, económicos pudieran arreglarse con un penalty, todos felices y tranquilos, al terminar la jornada nos levantaríamos de la butaca, estrecharíamos la mano del contrario y nos iríamos a casa, con la satisfacción de haber cumplido…
Reflexiones, vida cotidiana, pensamientos, poesía, sabor y color de emociones...
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viernes, 4 de marzo de 2011
martes, 23 de febrero de 2010
FÚTBOL Y MEDIOS
Les comparto una parte de la conferencia que dicté en la Ibero dentro del Diplomado de Deporte y Medios hace unas semanas.
El fútbol y los medios.
Dime, poeta:
Si el mundo es como un balón
redondo por la ilusión
de llegar pronto a su meta:
¡Vale la pena jugar! Silencio del ultramar,
luna llena…
mar serena;
viejo amigo
en secreto te lo digo,
¡que lo que vale la pena
es ganar!
J.M Péman
En el mundo del futbol, la ilusión de cada semana es ver como gana nuestro equipo. El transcurso de un partido se llena de sentimientos: pasión, emoción, nervio, muchas veces desilusión… Después del encuentro, tal parece que se cae en una desolación, el vocerío se pierde, algunas porras por el ganador; los aficionados cuyo equipo ha perdido, completamente mudos. Son minutos eternos de silencio. No hay nada que decir cuando el equipo no obtinene los tres puntos.
Cada encuentro visto por televisión o escuchado por radio, por más aburrido que sea, se convierte en gesta heróica si el narrador o el comentarista encuentran el lenguaje exacto para describir cada jugada, aunque se caiga en la exageración. ¿Quién no recuerda al gran Ángel Fernández, quien convertía simples partidos en épicos campos de batallas?
El futbol da para mucho más que los noventa minutos que dura sobre la cancha. A lo largo de la historia en la que se ha visto presente, se le ha dedicado prosa y verso para hablar de sus virtudes, cualidades y también defectos; de esto, se ha escrito mucho, aunque nunca lo necesario.
Nadie se resiste al futbol, ni la historia con sus graves problemas de razas o religiones, ni la política o las clases sociales. Jean-Philippe Rethacker escribió sobre la popularidad del futbol:
“Así pueden verse reunidos bajo un mismo uniforme de club o de la selección nacional al católico intransigente y al antiguo comandante del ejército húngaro comunista, al protestante austero y al israelista practicante, al negro descendiente de los esclavos africanos y al blanco hijo de colonos portugueses, al futuro médico y al fontanero, al abogado alejado de su bufete y al aldeano privado de su carreta, al cura de parroquia y al concejal más anticlerical… Un balón basta para destruir todas las contingencias, todos los más extraordinarios principios…” Basta meterlos a una cancha y a jugar. El futbol no entiende de idiomas ni de contrariedades.
El fútbol se ha convertido en parte intrínseca de nuestras sociedades. Es la bandera de la cultura popular sin importar las clases sociales; es un fenómeno de tal magnitud, que en muchas ocasiones es usado y abusado por políticos para sus campañas, no resulta trillada la vieja frase romana: “Al Pueblo pan y circo”.
Lamentablemente, el fútbol en los últimos 30 años también ha sido utilizado de manera exagerada y desmedidad por los medios de comunicación. Cada día encontramos mil variantes de un solo tema y aunque la libertad de expresión es necesaria, a veces se cae en un libertinaje tal, que termina perdiendo la esencia del deporte.
Pero no siempre fue así.
Hacia finales del siglo XIX y en los inicios del ya lejano siglo XX, cuando arribó el fútbol a nuestro país, este ni siquiera era seguido por los medios existentes en ese entonces. Eran muy pocos en verdad los que prestaban atención al nuevo deporte que llegaba de tierras lejanas.
Sin embargo, siempre ha habido visionarios que ven más allá de los demás y uno de ellos fue John Cornyn, quien el 7 de septiembre de 1896 registró un periódico muy diferente a todos los existentes hasta ese momento: The Mexican Sportman.
Esta publicación, visionaria en verdad, comenzó a registrar todo lo que consideró de valía sobre las actividades referentes al deporte.
Antes que ellos, algunas notas en Two Republics, el Monitor Republicano, en el Mundo o en el Sglo XIX era todo lo que teníamos sobre deporte. No había más.
¿Porqué el deporte comenzaba a ser interesante en un país como el nuestro que era gobernado por un dictador?
¿Porqué 1896 es tan importante para la historia deportiva de México y no solo ella si no para otros acontecimientos importantes?
Vayamos más atrás, de aquellos años de finales del siglo XIX.
Tras mantenerse bajo el yugo de España durante la Colonia, la vida diaria se ve seriamente afectada en nuestro naciente país, ya que durante un largo período existió un entorno de conflicto, tanto en lo social como en lo político.
Una vez que la Nueva España decidió independizarse de la Península Ibérica, las luchas encarnizadas, primero en contra de los mismos españoles, luego contra norteamericanos y franceses, hicieron de México un país muy dispar comparándolo con gran parte del mundo que, por aquellos años, vivía ya una modernidad diferente. Esto, trae consigo que inclusive la evolución histórica de las actividades físicas, también se vea afectada.
Si durante el Siglo XIX los deportes se crearon y desarrollaron en otras latitudes, especialmente en países como Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, en el nuestro se luchaba apenas por constituirse como nación y las luchas constantes por el poder persiguieron prácticamente toda la centuria.
Una vez independizados, fue tal la inestabilidad política y social que más de 30 presidentes desfilaron en la misma cantidad de años. Las rebeliones y los golpes de estado se hallaban a la orden del día y si por si esto fuera poco, las guerras contra Francia y Estados Unidos vinieron a dar al traste con un México que aspiraba a ser una nación del mundo moderno.
Mientras en países como Inglaterra el deporte se consolidaba, nacían reglamentos e inclusive se profesionalizaba, México se mantenía rural, en donde la principal actividad deportiva en forma involuntaria, seguía siendo la charrería a través de los chinacos y rurales que buscaban defender los pocos espacios defendibles y en donde el hombre a caballo jugaba un papel vital tanto en las luchas intestinas, como en el incipiente mantenimiento de la paz.
Y, como grandes ballenas
llegaron barcos de hierro,
en su mayoría ingleses,
corceles del mar, intrépidos.
Al toparse con los muelles,
salían los fogoneros
del fondo de las hornallas
a emborracharse de cielo,
mostrando bustos, desnudos,
blancos, potentes y bellos.
Con los tatuajes azules,
entre la fronda del pecho,
con ojos como engarzados
por humo, carbón y sueño.
Asomaban a la borda
y miraban, a lo lejos.
Y, detrás de una pelota
se echaron a andar contentos.
El espacio desolado
y antigua charca del cieno,
se fue llenando de gloria
porque los hombres aquellos,
rebosando calorías,
hijos del rayo y eléctricos,
vistiendo calzones cortos y
unos bigotes tremendos,
con pecas y pelirrojos
-y los calvos con sombrero-
reconquistaron su infancia
corriendo a la par del viento.
Siempre detrás de la pelota,
aplanaron los terrenos
de la dramática ciénaga
que el sol cuajara resecos.
La ciudad salió curiosa
y se acercó para verlos;
para imitarlos, más tarde
y no olvidar su modelo.
Yo he visto nacer el futbol
a la vera de San Telmo,
y los ingleses honrados
llamaron fiel al terreno
que les devolvió la gloria
de verse niños y eternos..
Vizconde de Lazcano Tegui
Tendría que llegar el porfirismo (1877-1911) para que nuestro país tratara de manera más real de entrar a ese mundo de modernidad que le permitiría entre otras cosas, el tener el tiempo libre para la realización de los deportes.
Porfirio Díaz, entendió que la nación sufría de un atraso impresionante en comparación a otras, tanto en lo social y político, como en lo comercial y tecnológico, por lo que se abrió al mundo e intentó atraer capital extranjero para poder modernizar a este país. Con el debido manejo de relaciones internacionales, llegó capital europeo, mayoritariamente francés e ingles y por supuesto, americano, al lograr préstamos e inversión de empresarios de los Estados Unidos.
Durante este período, el deporte entraría por fin a la palestra mexicana y cobraría poco a poco gran fuerza. La llegada no sólo de capital, sino de hombres tratando de hacer su vida en nuestro país, ayudaron mucho a esto. Al respecto Ciro Cardoso comenta
“La migración funcionaba como válvula de escape al crecimiento demográfico europeo, contribuía decisivamente al desarrollo económico de Estados Unidos, y difundía en muchos países los hábitos de consumo y los patrones de vida europeos”.
La influencia británica de los deportes grupales y sus reglamentos incluidos, comenzó a propagarse a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente a través del fútbol.
En gran parte de Europa surgieron los clubes deportivos y en México, país que buscaba imitar todo lo que proviniera del viejo continente, no fue la excepción.
La última década del siglo XIX mostraba un progreso significativo si tomamos en cuenta que el país, tantas veces devastado, había cimentado un acercamiento a la modernidad a través de la tecnología más importante de la época: la locomotora. Miles de kilómetros de vías ferreas inundaron regiones antes inhóspitas y los extranjeros, deseosos de conquista, aceptaron la invitación del gobierno mexicano para explorar, conocer y modernizar al México del porfiriato.
Grandes inventos hacían su aparición: el fonógrafo, el cine y la luz eléctrica asombraban a propios y extraños. Nuestro país intentaba mostrarse al nivel de las más destacadas ciudades europeas, con las ventajas del primer mundo y la modernidad del ya cercano siglo XX. Y es, justamente en 1896 cuando la luz eléctrica y el cinematógrafo, dos de los grandes inventos de la humanidad llegan a nuestro país, pero también los primeros balones de fútbol.
Los países imperialistas, en lo deportivo heredaron dos grandes legados: la competencia organizada y el deporte de grupo.
Norteamericanos, franceses, alemanes e ingleses llegaban cargados de las más espectaculares novedades buscando en el suelo mexicano una oportunidad para hacerse ricos y sentar reales. Entre todo aquello que ingresaban a nuestro país, no solo existían las cosas materiales, sino también aquellas que reconfortaban al cuerpo y al espíritu.
Los mexicanos, poco aficionados a los deportes, comenzaron a descubrir en estos una forma de ejercitar el cuerpo, de hacerse de nuevos amigos, pasar un rato divertido, y sobre todo, matar el tiempo libre que la paz porfiriana les ponía enfrente.
La entrada del deporte como forma de modernidad, pretendía entre otras cosas, el de acabar o desplazar a las tradiciones culturales ya existentes, como algunos deportes prehispánicos que todavía se practicaban o los españoles que ya eran vistos también como de bárbaros. Obviamente, este mensaje llegaba a las clases altas, porque los peones, obreros y campesinos, mucho distaban de poder practicar uno de estos deportes, de pertenecer a un club o tan siquiera de tener el tiempo libre que sí ostentaban las clases pudientes.
El deporte, “símbolo de sofisticación y estatus”, como bien le llama Arbena, en su obra Significado y alegría en el deporte en América Latina, sirve para demostrar que el país y sus grupos selectos, ya han entrado a la modernidad mundial. Uno de los deportes que más gustó fue el de montar bicicleta.
El porqué en esos años la bicicleta fue de los deportes más aceptados por las clases más pudientes, tiene también su razón de ser. México se acercaba al progreso a través de la tecnología, la mejor manera de dejar de sentirse rural y pasar a ser un citadino de la gran urbe, era cambiando el caballo por la bicicleta, algo más lenta que el equino, pero por supuesto más moderna y más chic.
Los paseos ciclistas, el tenis y el golf se convirtieron en los deportes de moda. El beisbol y el atletismo también tuvieron sus grandes espacios. Se crearon diversos complejos, academias y centros dedicados cien por ciento al deporte; así surgió el Reforma Athletic Club en donde el críquet y el tenis eran la única atracción; el Contry Club de Churubusco y el Contry Club de Reforma, creado por norteamericanos, dedicaba sus instalaciones especialmente al gol y al béisbol. Nace el Bicycle Riding School, aprovechando el furor que causó, promoviendo el uso de la bici y los paseos en familia; también se funda en el lago de Chalco el Club de Regatas y Remo, creado por norteamericanos y mexicanos de alta alcurnia.
Frente a estas perspectivas, el gusto de los mexicanos se diversificó ante las diferentes propuestas deportivas.
Según la clase social se accedía a ellas, aunque a finales del siglo XIX parecía que los ricos eran los únicos que tenían el tiempo y el dinero para practicar en forma un verdadero deporte, las clases bajas poco conocían del "placer y confort" que el deporte aportaba "en cada uno de nosotros" como se leía en un artículo de la revista The Mexican Sportsman.
Y si bien algunos clubes deportivos comenzaron sus actividades pocos años atrás, los principales curiosamente inician en 1896. Y es ese año, cuando también llegan los primeros balones a nuestro país. Fue por Veracruz. Eran unos balones ingleses de cuero y cocidos a mano con una cámara de vejiga de cerdo en el interior y con una agujeta o tiento.
Cuando se recibieron estos balones en la aduana, solicitados por ciudadanos ingleses que residían en México, los empleados que los desembarcaron no tenían ni la menor idea de para que servían y sólo se limitaron a observarlos con cierta curiosidad. Estos balones, fueron a parar a diversos colegios ingleses y franceses de la capital y ahí los padres se arremangaban la sotana tratando de enseñar a algunos jóvenes, el arte de las patadas al mágico balón de cuero.
Se calcula que en la capital, hacia 1898, no había más de cuarenta futbolistas, todos ellos ingleses pertenecientes a los colegios. La revista The Mexican Sportsman aseguraba lo siguiente unos meses después:
“Aunque nunca ha alcanzado buen éxito aquí, hay, sin embargo, un buen número de amigos de ese sport en la ciudad. De tiempo en tiempo, los muchachos de los colegios ingleses de Mixcoac y Tacubaya hacen esfuerzos por organizar un partido, pero tales esfuerzos no han dado fruto, principalmente porque no ha habido competencia que levante entusiasmo”.
Como ya dije antes, sin lugar a dudas, The Mexican Sportman es la primera referencia que tenemos de una publicación netamente deportiva y es la que nos abre un panorama de lo que nos interesa para conocer parte de los orígenes del deporte en México, pero sobre todo, por lo menos en mi caso, del fútbol.
The Mexican Sportsman, tenía apenas unas cuantas páginas y era una edición bilingüe, con un tiraje semanal en su momento cumbre de 2,000 ejemplares y aunque duró algo más de una década, se conservan muy pocos ejemplares de la misma, casi todos resguardados en la Hemeroteca Nacional, en la UNAM.
Esta publicación, sin lugar a dudas, representó un oasis en el desierto de la información de aquellos años de finales del siglo XIX y principios del XX.
No es casual, por tanto, que este semanario haya nacido en 1896. La visión de de un hombre, pero también la creciente demanda por el conocimiento del deporte y los clubes de reciente creación, hacían intuir que la prensa tendría que dedicarle un espacio especializado ¡Ya!.
Lo que bien es cierto, es que el deporte y la prensa deportiva llegaron para quedarse y durante los siguientes años y con la llegada de la Revolución primero y de los gobiernos posrevolucionarios después, la oferta deportiva se fue incrementando y terminó por alcanzar a todas la clases sociales.
Nacieron varias publicaciones: Rojo y Gualda, Arte y Deportes, Arte y Sport, Teatro y Deportes, Toros y Deportes, Mefistófeles, o secciones especializadas en deportes como los “hechos del sport” del Imparcial y la sección del Mundo Ilustrado.
De la misma forma, surgieron grandes plumas: Mario Fernandez “Don Facundo”, armado con una pluma ágil y punzante, maestro de la ironía, llenó de color el blanco y negro de las letras para darle un cariz diferente al fútbol escrito. No olvidemos tampoco a personajes como “Fray Nano”, “Kanta Klaro”, “Fray Kempis!, “Susasú” y “Guardameta” plumas maestras que preferían guardarse en el anonimato aunque muchos de ellos son ampliamente reconocidos por su trayectoria.
Es gracias a estas publicaciones, que comenzamos a abrirnos camino para historial al fútbol, ya que el registro de los primeros años, salvo por algunos libros como el Libro de Oro del Fútbol Mexicano de Cid y Mulet de principios de los 60 o los pocos documentos que al respecto encontramos en archivos como el del CESU, en la UNAM, son importantes pero, escasos.
La prensa mexicana aunque muchas veces subjetiva, nos abre un rico panorama para conocer o esclarecer algunos de los hechos que han dado vida al fútbol mexicano, sobre todo en sus primeros momentos.
Representa el recurso inmediato a las fuentes primarias, nos muestra, a través de los diferentes diarios el contraste de la información, y para los que nos dedicamos a esto, termina siendo el principio de todo, mediante la selección de los materiales, la investigación como motor de la historia y, sobre todo, la narración con su lenguaje propio que imprime cada uno de los columnistas, de aquello que están viviendo al momento, para plasmarlo en el papel para dejar el legado, sin saberlo, de su historia contemporánea.
La historia, no es objetiva. No puede serlo. Siempre termina por ser una preconcepción, de donde se toman los datos y de la manera de verla por parte del historiador. Es, por tanto, comprensible que la historia muchas veces se tergiverse, vamos tomando esa gran cantidad de hechos, de datos y les damos forma. Para decidir cuales de ellos son relevantes y cuales no. Por eso, es tan importante tener materiales diversos para poder recrear la historia lo más apegado a la verdad.
Poco a poco, el fútbol se fue convirtiendo en uno de los fenómenos sociales más importantes del siglo XX. El mundo, comenzó a moverse al ritmo del balón.
En las colonias más ricas o en las vecindades más marginales, entre blancos, morenos o negros, en los colegios y en las fábricas, el fútbol se apoderó de grandes espacios.
Gracias a ello, surgieron otras publicaciones, lo que nos ayuda a los historiadores a ampliar nuestro panorama de investigación, una publicación de gran importancia para esto, fue el nacimiento de La Afición, un periódico comprometido en su totalidad con el deporte. Surgió como semanario en 1930, posteriormente salía dos o tres veces por semana y finalmente ante la gran aceptación, se hizo diario, bajo la dirección siempre acertada de Alejandro Aguilar Reyes, Fray Nano. Y que decir de Fútbol en 1933, una revista magistral que combina las fotografías de Adalberto Arroyo, tal vez el más grande fotógrafo de fútbol en México con los textos de Francisco Martínez de la Vega, “Pioquinto”, un joven e inteligente periodista que años más tarde sería un destacado político de nuestro país.
Posteriormente nacerían otras publicaciones deportivas, como Esto y Ovaciones, pero sin lugar a dudas, La Afición y Fútbol, tienen un espacio importante entre los investigadores de la historia del fútbol en México.
Voy a hacer un paréntesis para contarles una anécdota curiosa, que nos muestra la importancia que el fútbol había adquirido, que hasta la mercadotecnia se hizo presente de manera muy ingeniosa, por ejemplo, en la reinauguración del Parque España a finales de 1933, antes de comenzar el encuentro entre el España y el Atlante llego un número importante de empleados de la compañía Monticello Drugs y se sentaron entre los aficionados, pero pocos minutos antes del inicio del encuentro, a una señal, comenzaron a repartir productos medicinales de la compañía. El hecho llamó la atencion porque este tipo de publicidad no se había visto en México, a tal grado que la prensa recogió el hecho como una curiosidad, La Afición, por ejemplo comentó al día siguiente:
"Antes de comenzar el encuentro entre los primeros equipos del España y el Atlante numerosos empleados de la Monticello Drugs Co. repartieron entre la multitud ese maravilloso producto de la medicina moderna...
...Pero ¿Qué podríamos decir nosotros de la dinámica e inteligentísima señora Francisca Salas? Esta dama...Gerente de la Monticello Drugs se encargó personalmemente de la dirección técnica de este hit de publicidad, que señala una época nueva, un camino a seguir en todos los sistemas de propaganda llevados a cabo en la capital de la República hasta la fecha. Procedimiento que indudablemente habrán de practicar las grandes empresas mexicanas si desean alcanzar el buen éxito de la señora Francisca Salas para sus negocios...".
Los diversos medios comprendieron que el fútbol avanzaba a pasos agigantados, uno de ellos, el que comenzó a tener mayor importancia entre la población por aquellos años: La radio, decidió también aprovechar lo que el fútbol cosechaba.
La radio se convirtió en un vínculo entre los aficionados y el fútbol en la década de los treinta y en la de los cuarenta. Muchos de ellos, solamente podían seguir a sus ídolos a través de este medio. En la capital y en provincia, se valían de la radio para conocer resultados al momento los domingos por la mañana, o para escuchar alguna de las esporádicas entrevistas que se hacían a los futbolístas tanto nacionales o a los extranjeros que visitaban tierras mexicanas.
Agustín González "Escopeta", Mario Fernández "Don Facundo, Alfonso Sordo Noriega, Fernando Marcos y Julio Sotelo "As", fueron algunos de los grandes cronistas de la radio que alegraban los corazones de los aficionados que gustosos esperaban la transmisión del partido de fútbol.
Las voces, las reseñas tan particulares, daban un matiz diferente al encuentro, tornándolo en diversas ocasiones muy emocionante, cuando en la propia cancha no lo era tanto.
En 1934, la radio transmitía por primera vez una eliminatoria de Copa del Mundo. "Don Facundo", con los cables que le llegaban desde Roma armaba para el aficionado de la X.E.Y.Z. los pormenores del encuentro. Los aficionados sufrieron cuando el célebre cronista daba la mala nueva de la derrota de nuestra selección a manos de los norteamericanos en la inauguración del estadio fascista. A través de la radio, supieron como Donelli, un ala cerrada de fútbol americano convertido en futbolista, clavaba cuatro goles al equipo de todos y dejaba a México sin mundial.
La final del Campeonato Nacional celebrado en 1936 en Guadalajara, era transmitida por la X.E.F.O. a la ciudad de México por quien años después sería llamado el decano de los cronistas Agustín González "Escopeta" y que en esos años apenas comenzaba. La transmisión, fue costeada por el gobernador del estado Everardo Topete pensando que el D.F. sería apabullado por Jalisco y quería que todo México se enterara. Al final, un rotundo 4-1 sobre los locales, llenaba de algarabía a los aficionados del Distrito Federal.
En 1937, la X.E.W. transmitía los "Conciertos de la cerveza Marca Monterrey, tipo Lager" los martes, jueves y sábado de 11:00 a 11:45 de la noche dirigidos por el gran Alfonso Sordo Noriega. Uno de los programas con mayor audiencia fue el del jueves 11 de marzo, en el que el invitado especial fue el defensa Carlos Laviada. El teléfono ericcson no dejó de sonar antes, durante y después del programa. Afuera de la estación, los aficionados permanecían en centenares esperando ver de cerca al recio defensa mexicano que acababa de llegar de España, en donde había jugado dos años con el Oviedo.
La radio creció tanto en importancia dentro del fútbol, que los equipos de la entonces Liga Mayor hoy llamada Primera División decidieron en 1939 que esta era la culpable de que los aficionados asistieran cada vez en menor número a los estadios.
Consideraban que transmitir los juegos perjudicaba sus intereses. Al parecer, los aficionados encontraban demasiado sabrosas las sabanas los domingos y preferían escuchar al pintoresco "Escopeta", al gritón Sotelo o al audaz Sordo Noriega que asistir al campo de juego que, para muchos, representaba un viaje de hasta dos horas por la distancia que tenían que recorrer. La radio -es cierto- había logrado un gran negocio con el fútbol, pero también contribuyó para acrecentar el número de aficionados al deporte de las patadas.
La Liga Mayor, reglamentó entonces la transmisión de juegos. Antes cada estación podía mandar su propio locutor y reseñar un partido que uno podía escuchar en la estación que deseara con su cronista favorito.
A partir de este año, la estación que pagara más es la que podía transmitir, además de que la propia Liga decidía si el partido se transmitía o no de acuerdo a la venta de boletos.
Como para toda regla existe una excepción, en 1940, la X.E.B. y su radio locutor exclusivo Julio Sotelo marcarían una pauta al elaborar un noticiero meramente futbolístico que transmitía noticias de este deporte en cápsulas de quince minutos tres o cuatro veces a la semana. Es así como se trataba de mantener un informe constante inclusive a la hora de los partidos. Un enviado por Julio Sotelo asistía al estadio y cada determinado tiempo, asomaba la cabeza por la barda para indicar al gran Sotelo como iba desarrollándose el encuentro. Así, sin micrófonos en la cancha y sin contravenir las órdenes de la Liga Mayor, y sin pagar un solo centavo, Sotelo –quien trasmitía desde un coche estacionado afuera del inmueble- informaba con toda oportunidad del desarrollo del encuentro.
Inclusive, se escuchaba el grito de gol de los aficionados que estaban a tan solo algunos metros de distancia dentro del campo.
Durante los años 40’, con la entrada de la provincia al concierto futbolístico, la radio se hizo imprescindible para llevar al creciente público las incidencias de su deporte favorito. La Liga Mayor había encontrado el negocio de su vida, recibiendo dos grandes partidas en cada encuentro; una por concepto de entradas, la otra por el derecho de transmisión. Solo superaría su auge años después, con la entrada de la televisión...
Hoy en día, encontramos decenas de canales que transmiten partidos de fútbol, ya sea por los abiertos o los de cable, podemos acceder a partidos de prácticamente las mejores ligas a nivel mundial.
Actualmente, es de lo más común escuchar de los contratos millonarios que se manejan en la transmisión de los partidos, pero hacia la primera mitad del siglo XX, en los albores de la televisión mexicana, esto era más que impensable. El futbol era visto como un deporte con una cauda creciente de seguidores, pero se desestimaba como un negocio.
Fue en 1956, cuando en México se llevó acabo el II Torneo Panamericano de Futbol, que cuatro años atrás se había jugado en Chile. Era el primer torneo internacional oficial de magnitud que organizaría nuestro país del 26 de febrero al 17 de marzo de aquel año.
Escuadras como la de Brasil, Argentina, Chile y Perú llegaban con lo mejor de su futbol sudamericano. México, los recibía con la ilusión de hacer un buen papel en casa con hombres como Jaime "Tubo" Gómez, Alfonso Portugal, Raúl Cárdenas y Pedro Nájera, Alfredo del Aguila, José "Chepe" Naranjo, Carlos Calderón de la Barca, Antonio Jasso, Salvador Reyes y por supuesto el incansable héroe de mil batallas Horacio Casarín.
El primer partido en disputa fue un México-Costa Rica y aquí se dió un hecho sin precedentes. El estadio de C.U. -entonces el mayor escenario en México- se abarrotó al máximo. A las afueras del inmueble más de ¡40,000 personas sin boleto¡ pretendían entrar y presenciar el partido y las autoridades fueron insuficientes para contener los ríos de gente que empujaban y se colgaban de las bardas causando un sinnúmero de lesionados. Los siguientes partidos no difirieron de este, miles de espectadores clamaban por un boleto, pero todos los de la serie estaban agotados.
Era tal el furor causado que el Departamento del Distrito Federal a través de la Oficina de Espectáculos Públicos pidió a telesistemas de México (hoy Televisa) que transmitiera los encuentros. Los directivos se encontraban renuentes; era algo que nunca se había hecho, pero aceptaron al ver que era incontrolable el número de aficionados.
Por primera vez en México el futbol se vería y escucharía a través de un aparato de televisión. ¡El éxito fue inmediato! Se alcanzaron los raitings más altos hasta entonces y en cada encuentro los mismos aumentaban.
Emilio Azcárraga Milmo, el magnáte televisivo sin salir de su sorpresa y dilucidando el potencial que tenía en sus manos adquirió tres años después al equipo más importante de la capital y uno de los de mayor número de seguidores en el país: El América.
Llenó entonces los espacios televisivos de fútbol, hizo al América a través de los medios al equipo más odioso, pero el que mejor vende.
A partir de entonces, la transmisión de los partidos de la liga nacional se ha convertido en uno de los negocios más exitosos de México...
Hoy en día, los medios se han apoderado del bello deporte que es el fútbol. Sabemos que el partido se programa en el horario que a la televisión convenga. Si no cuentas con televisión restringida, no puedes acceder a muchos encuentros, sobre todo los clásicos locales, como el Chivas-Atlas en Jalisco o el Tigres-Monterrey en la Sultana del Norte.
Ya sea por periódicos y revistas, radio, televisión y en los últimos años por internet, la manera de ver al fútbol ha cambiado, lo que no ha cambiado es la pasión que genera y que nos tiene hoy aquí, para hablar de este bello deporte que es el fútbol…
El fútbol y los medios.
Dime, poeta:
Si el mundo es como un balón
redondo por la ilusión
de llegar pronto a su meta:
¡Vale la pena jugar! Silencio del ultramar,
luna llena…
mar serena;
viejo amigo
en secreto te lo digo,
¡que lo que vale la pena
es ganar!
J.M Péman
En el mundo del futbol, la ilusión de cada semana es ver como gana nuestro equipo. El transcurso de un partido se llena de sentimientos: pasión, emoción, nervio, muchas veces desilusión… Después del encuentro, tal parece que se cae en una desolación, el vocerío se pierde, algunas porras por el ganador; los aficionados cuyo equipo ha perdido, completamente mudos. Son minutos eternos de silencio. No hay nada que decir cuando el equipo no obtinene los tres puntos.
Cada encuentro visto por televisión o escuchado por radio, por más aburrido que sea, se convierte en gesta heróica si el narrador o el comentarista encuentran el lenguaje exacto para describir cada jugada, aunque se caiga en la exageración. ¿Quién no recuerda al gran Ángel Fernández, quien convertía simples partidos en épicos campos de batallas?
El futbol da para mucho más que los noventa minutos que dura sobre la cancha. A lo largo de la historia en la que se ha visto presente, se le ha dedicado prosa y verso para hablar de sus virtudes, cualidades y también defectos; de esto, se ha escrito mucho, aunque nunca lo necesario.
Nadie se resiste al futbol, ni la historia con sus graves problemas de razas o religiones, ni la política o las clases sociales. Jean-Philippe Rethacker escribió sobre la popularidad del futbol:
“Así pueden verse reunidos bajo un mismo uniforme de club o de la selección nacional al católico intransigente y al antiguo comandante del ejército húngaro comunista, al protestante austero y al israelista practicante, al negro descendiente de los esclavos africanos y al blanco hijo de colonos portugueses, al futuro médico y al fontanero, al abogado alejado de su bufete y al aldeano privado de su carreta, al cura de parroquia y al concejal más anticlerical… Un balón basta para destruir todas las contingencias, todos los más extraordinarios principios…” Basta meterlos a una cancha y a jugar. El futbol no entiende de idiomas ni de contrariedades.
El fútbol se ha convertido en parte intrínseca de nuestras sociedades. Es la bandera de la cultura popular sin importar las clases sociales; es un fenómeno de tal magnitud, que en muchas ocasiones es usado y abusado por políticos para sus campañas, no resulta trillada la vieja frase romana: “Al Pueblo pan y circo”.
Lamentablemente, el fútbol en los últimos 30 años también ha sido utilizado de manera exagerada y desmedidad por los medios de comunicación. Cada día encontramos mil variantes de un solo tema y aunque la libertad de expresión es necesaria, a veces se cae en un libertinaje tal, que termina perdiendo la esencia del deporte.
Pero no siempre fue así.
Hacia finales del siglo XIX y en los inicios del ya lejano siglo XX, cuando arribó el fútbol a nuestro país, este ni siquiera era seguido por los medios existentes en ese entonces. Eran muy pocos en verdad los que prestaban atención al nuevo deporte que llegaba de tierras lejanas.
Sin embargo, siempre ha habido visionarios que ven más allá de los demás y uno de ellos fue John Cornyn, quien el 7 de septiembre de 1896 registró un periódico muy diferente a todos los existentes hasta ese momento: The Mexican Sportman.
Esta publicación, visionaria en verdad, comenzó a registrar todo lo que consideró de valía sobre las actividades referentes al deporte.
Antes que ellos, algunas notas en Two Republics, el Monitor Republicano, en el Mundo o en el Sglo XIX era todo lo que teníamos sobre deporte. No había más.
¿Porqué el deporte comenzaba a ser interesante en un país como el nuestro que era gobernado por un dictador?
¿Porqué 1896 es tan importante para la historia deportiva de México y no solo ella si no para otros acontecimientos importantes?
Vayamos más atrás, de aquellos años de finales del siglo XIX.
Tras mantenerse bajo el yugo de España durante la Colonia, la vida diaria se ve seriamente afectada en nuestro naciente país, ya que durante un largo período existió un entorno de conflicto, tanto en lo social como en lo político.
Una vez que la Nueva España decidió independizarse de la Península Ibérica, las luchas encarnizadas, primero en contra de los mismos españoles, luego contra norteamericanos y franceses, hicieron de México un país muy dispar comparándolo con gran parte del mundo que, por aquellos años, vivía ya una modernidad diferente. Esto, trae consigo que inclusive la evolución histórica de las actividades físicas, también se vea afectada.
Si durante el Siglo XIX los deportes se crearon y desarrollaron en otras latitudes, especialmente en países como Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, en el nuestro se luchaba apenas por constituirse como nación y las luchas constantes por el poder persiguieron prácticamente toda la centuria.
Una vez independizados, fue tal la inestabilidad política y social que más de 30 presidentes desfilaron en la misma cantidad de años. Las rebeliones y los golpes de estado se hallaban a la orden del día y si por si esto fuera poco, las guerras contra Francia y Estados Unidos vinieron a dar al traste con un México que aspiraba a ser una nación del mundo moderno.
Mientras en países como Inglaterra el deporte se consolidaba, nacían reglamentos e inclusive se profesionalizaba, México se mantenía rural, en donde la principal actividad deportiva en forma involuntaria, seguía siendo la charrería a través de los chinacos y rurales que buscaban defender los pocos espacios defendibles y en donde el hombre a caballo jugaba un papel vital tanto en las luchas intestinas, como en el incipiente mantenimiento de la paz.
Y, como grandes ballenas
llegaron barcos de hierro,
en su mayoría ingleses,
corceles del mar, intrépidos.
Al toparse con los muelles,
salían los fogoneros
del fondo de las hornallas
a emborracharse de cielo,
mostrando bustos, desnudos,
blancos, potentes y bellos.
Con los tatuajes azules,
entre la fronda del pecho,
con ojos como engarzados
por humo, carbón y sueño.
Asomaban a la borda
y miraban, a lo lejos.
Y, detrás de una pelota
se echaron a andar contentos.
El espacio desolado
y antigua charca del cieno,
se fue llenando de gloria
porque los hombres aquellos,
rebosando calorías,
hijos del rayo y eléctricos,
vistiendo calzones cortos y
unos bigotes tremendos,
con pecas y pelirrojos
-y los calvos con sombrero-
reconquistaron su infancia
corriendo a la par del viento.
Siempre detrás de la pelota,
aplanaron los terrenos
de la dramática ciénaga
que el sol cuajara resecos.
La ciudad salió curiosa
y se acercó para verlos;
para imitarlos, más tarde
y no olvidar su modelo.
Yo he visto nacer el futbol
a la vera de San Telmo,
y los ingleses honrados
llamaron fiel al terreno
que les devolvió la gloria
de verse niños y eternos..
Vizconde de Lazcano Tegui
Tendría que llegar el porfirismo (1877-1911) para que nuestro país tratara de manera más real de entrar a ese mundo de modernidad que le permitiría entre otras cosas, el tener el tiempo libre para la realización de los deportes.
Porfirio Díaz, entendió que la nación sufría de un atraso impresionante en comparación a otras, tanto en lo social y político, como en lo comercial y tecnológico, por lo que se abrió al mundo e intentó atraer capital extranjero para poder modernizar a este país. Con el debido manejo de relaciones internacionales, llegó capital europeo, mayoritariamente francés e ingles y por supuesto, americano, al lograr préstamos e inversión de empresarios de los Estados Unidos.
Durante este período, el deporte entraría por fin a la palestra mexicana y cobraría poco a poco gran fuerza. La llegada no sólo de capital, sino de hombres tratando de hacer su vida en nuestro país, ayudaron mucho a esto. Al respecto Ciro Cardoso comenta
“La migración funcionaba como válvula de escape al crecimiento demográfico europeo, contribuía decisivamente al desarrollo económico de Estados Unidos, y difundía en muchos países los hábitos de consumo y los patrones de vida europeos”.
La influencia británica de los deportes grupales y sus reglamentos incluidos, comenzó a propagarse a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente a través del fútbol.
En gran parte de Europa surgieron los clubes deportivos y en México, país que buscaba imitar todo lo que proviniera del viejo continente, no fue la excepción.
La última década del siglo XIX mostraba un progreso significativo si tomamos en cuenta que el país, tantas veces devastado, había cimentado un acercamiento a la modernidad a través de la tecnología más importante de la época: la locomotora. Miles de kilómetros de vías ferreas inundaron regiones antes inhóspitas y los extranjeros, deseosos de conquista, aceptaron la invitación del gobierno mexicano para explorar, conocer y modernizar al México del porfiriato.
Grandes inventos hacían su aparición: el fonógrafo, el cine y la luz eléctrica asombraban a propios y extraños. Nuestro país intentaba mostrarse al nivel de las más destacadas ciudades europeas, con las ventajas del primer mundo y la modernidad del ya cercano siglo XX. Y es, justamente en 1896 cuando la luz eléctrica y el cinematógrafo, dos de los grandes inventos de la humanidad llegan a nuestro país, pero también los primeros balones de fútbol.
Los países imperialistas, en lo deportivo heredaron dos grandes legados: la competencia organizada y el deporte de grupo.
Norteamericanos, franceses, alemanes e ingleses llegaban cargados de las más espectaculares novedades buscando en el suelo mexicano una oportunidad para hacerse ricos y sentar reales. Entre todo aquello que ingresaban a nuestro país, no solo existían las cosas materiales, sino también aquellas que reconfortaban al cuerpo y al espíritu.
Los mexicanos, poco aficionados a los deportes, comenzaron a descubrir en estos una forma de ejercitar el cuerpo, de hacerse de nuevos amigos, pasar un rato divertido, y sobre todo, matar el tiempo libre que la paz porfiriana les ponía enfrente.
La entrada del deporte como forma de modernidad, pretendía entre otras cosas, el de acabar o desplazar a las tradiciones culturales ya existentes, como algunos deportes prehispánicos que todavía se practicaban o los españoles que ya eran vistos también como de bárbaros. Obviamente, este mensaje llegaba a las clases altas, porque los peones, obreros y campesinos, mucho distaban de poder practicar uno de estos deportes, de pertenecer a un club o tan siquiera de tener el tiempo libre que sí ostentaban las clases pudientes.
El deporte, “símbolo de sofisticación y estatus”, como bien le llama Arbena, en su obra Significado y alegría en el deporte en América Latina, sirve para demostrar que el país y sus grupos selectos, ya han entrado a la modernidad mundial. Uno de los deportes que más gustó fue el de montar bicicleta.
El porqué en esos años la bicicleta fue de los deportes más aceptados por las clases más pudientes, tiene también su razón de ser. México se acercaba al progreso a través de la tecnología, la mejor manera de dejar de sentirse rural y pasar a ser un citadino de la gran urbe, era cambiando el caballo por la bicicleta, algo más lenta que el equino, pero por supuesto más moderna y más chic.
Los paseos ciclistas, el tenis y el golf se convirtieron en los deportes de moda. El beisbol y el atletismo también tuvieron sus grandes espacios. Se crearon diversos complejos, academias y centros dedicados cien por ciento al deporte; así surgió el Reforma Athletic Club en donde el críquet y el tenis eran la única atracción; el Contry Club de Churubusco y el Contry Club de Reforma, creado por norteamericanos, dedicaba sus instalaciones especialmente al gol y al béisbol. Nace el Bicycle Riding School, aprovechando el furor que causó, promoviendo el uso de la bici y los paseos en familia; también se funda en el lago de Chalco el Club de Regatas y Remo, creado por norteamericanos y mexicanos de alta alcurnia.
Frente a estas perspectivas, el gusto de los mexicanos se diversificó ante las diferentes propuestas deportivas.
Según la clase social se accedía a ellas, aunque a finales del siglo XIX parecía que los ricos eran los únicos que tenían el tiempo y el dinero para practicar en forma un verdadero deporte, las clases bajas poco conocían del "placer y confort" que el deporte aportaba "en cada uno de nosotros" como se leía en un artículo de la revista The Mexican Sportsman.
Y si bien algunos clubes deportivos comenzaron sus actividades pocos años atrás, los principales curiosamente inician en 1896. Y es ese año, cuando también llegan los primeros balones a nuestro país. Fue por Veracruz. Eran unos balones ingleses de cuero y cocidos a mano con una cámara de vejiga de cerdo en el interior y con una agujeta o tiento.
Cuando se recibieron estos balones en la aduana, solicitados por ciudadanos ingleses que residían en México, los empleados que los desembarcaron no tenían ni la menor idea de para que servían y sólo se limitaron a observarlos con cierta curiosidad. Estos balones, fueron a parar a diversos colegios ingleses y franceses de la capital y ahí los padres se arremangaban la sotana tratando de enseñar a algunos jóvenes, el arte de las patadas al mágico balón de cuero.
Se calcula que en la capital, hacia 1898, no había más de cuarenta futbolistas, todos ellos ingleses pertenecientes a los colegios. La revista The Mexican Sportsman aseguraba lo siguiente unos meses después:
“Aunque nunca ha alcanzado buen éxito aquí, hay, sin embargo, un buen número de amigos de ese sport en la ciudad. De tiempo en tiempo, los muchachos de los colegios ingleses de Mixcoac y Tacubaya hacen esfuerzos por organizar un partido, pero tales esfuerzos no han dado fruto, principalmente porque no ha habido competencia que levante entusiasmo”.
Como ya dije antes, sin lugar a dudas, The Mexican Sportman es la primera referencia que tenemos de una publicación netamente deportiva y es la que nos abre un panorama de lo que nos interesa para conocer parte de los orígenes del deporte en México, pero sobre todo, por lo menos en mi caso, del fútbol.
The Mexican Sportsman, tenía apenas unas cuantas páginas y era una edición bilingüe, con un tiraje semanal en su momento cumbre de 2,000 ejemplares y aunque duró algo más de una década, se conservan muy pocos ejemplares de la misma, casi todos resguardados en la Hemeroteca Nacional, en la UNAM.
Esta publicación, sin lugar a dudas, representó un oasis en el desierto de la información de aquellos años de finales del siglo XIX y principios del XX.
No es casual, por tanto, que este semanario haya nacido en 1896. La visión de de un hombre, pero también la creciente demanda por el conocimiento del deporte y los clubes de reciente creación, hacían intuir que la prensa tendría que dedicarle un espacio especializado ¡Ya!.
Lo que bien es cierto, es que el deporte y la prensa deportiva llegaron para quedarse y durante los siguientes años y con la llegada de la Revolución primero y de los gobiernos posrevolucionarios después, la oferta deportiva se fue incrementando y terminó por alcanzar a todas la clases sociales.
Nacieron varias publicaciones: Rojo y Gualda, Arte y Deportes, Arte y Sport, Teatro y Deportes, Toros y Deportes, Mefistófeles, o secciones especializadas en deportes como los “hechos del sport” del Imparcial y la sección del Mundo Ilustrado.
De la misma forma, surgieron grandes plumas: Mario Fernandez “Don Facundo”, armado con una pluma ágil y punzante, maestro de la ironía, llenó de color el blanco y negro de las letras para darle un cariz diferente al fútbol escrito. No olvidemos tampoco a personajes como “Fray Nano”, “Kanta Klaro”, “Fray Kempis!, “Susasú” y “Guardameta” plumas maestras que preferían guardarse en el anonimato aunque muchos de ellos son ampliamente reconocidos por su trayectoria.
Es gracias a estas publicaciones, que comenzamos a abrirnos camino para historial al fútbol, ya que el registro de los primeros años, salvo por algunos libros como el Libro de Oro del Fútbol Mexicano de Cid y Mulet de principios de los 60 o los pocos documentos que al respecto encontramos en archivos como el del CESU, en la UNAM, son importantes pero, escasos.
La prensa mexicana aunque muchas veces subjetiva, nos abre un rico panorama para conocer o esclarecer algunos de los hechos que han dado vida al fútbol mexicano, sobre todo en sus primeros momentos.
Representa el recurso inmediato a las fuentes primarias, nos muestra, a través de los diferentes diarios el contraste de la información, y para los que nos dedicamos a esto, termina siendo el principio de todo, mediante la selección de los materiales, la investigación como motor de la historia y, sobre todo, la narración con su lenguaje propio que imprime cada uno de los columnistas, de aquello que están viviendo al momento, para plasmarlo en el papel para dejar el legado, sin saberlo, de su historia contemporánea.
La historia, no es objetiva. No puede serlo. Siempre termina por ser una preconcepción, de donde se toman los datos y de la manera de verla por parte del historiador. Es, por tanto, comprensible que la historia muchas veces se tergiverse, vamos tomando esa gran cantidad de hechos, de datos y les damos forma. Para decidir cuales de ellos son relevantes y cuales no. Por eso, es tan importante tener materiales diversos para poder recrear la historia lo más apegado a la verdad.
Poco a poco, el fútbol se fue convirtiendo en uno de los fenómenos sociales más importantes del siglo XX. El mundo, comenzó a moverse al ritmo del balón.
En las colonias más ricas o en las vecindades más marginales, entre blancos, morenos o negros, en los colegios y en las fábricas, el fútbol se apoderó de grandes espacios.
Gracias a ello, surgieron otras publicaciones, lo que nos ayuda a los historiadores a ampliar nuestro panorama de investigación, una publicación de gran importancia para esto, fue el nacimiento de La Afición, un periódico comprometido en su totalidad con el deporte. Surgió como semanario en 1930, posteriormente salía dos o tres veces por semana y finalmente ante la gran aceptación, se hizo diario, bajo la dirección siempre acertada de Alejandro Aguilar Reyes, Fray Nano. Y que decir de Fútbol en 1933, una revista magistral que combina las fotografías de Adalberto Arroyo, tal vez el más grande fotógrafo de fútbol en México con los textos de Francisco Martínez de la Vega, “Pioquinto”, un joven e inteligente periodista que años más tarde sería un destacado político de nuestro país.
Posteriormente nacerían otras publicaciones deportivas, como Esto y Ovaciones, pero sin lugar a dudas, La Afición y Fútbol, tienen un espacio importante entre los investigadores de la historia del fútbol en México.
Voy a hacer un paréntesis para contarles una anécdota curiosa, que nos muestra la importancia que el fútbol había adquirido, que hasta la mercadotecnia se hizo presente de manera muy ingeniosa, por ejemplo, en la reinauguración del Parque España a finales de 1933, antes de comenzar el encuentro entre el España y el Atlante llego un número importante de empleados de la compañía Monticello Drugs y se sentaron entre los aficionados, pero pocos minutos antes del inicio del encuentro, a una señal, comenzaron a repartir productos medicinales de la compañía. El hecho llamó la atencion porque este tipo de publicidad no se había visto en México, a tal grado que la prensa recogió el hecho como una curiosidad, La Afición, por ejemplo comentó al día siguiente:
"Antes de comenzar el encuentro entre los primeros equipos del España y el Atlante numerosos empleados de la Monticello Drugs Co. repartieron entre la multitud ese maravilloso producto de la medicina moderna...
...Pero ¿Qué podríamos decir nosotros de la dinámica e inteligentísima señora Francisca Salas? Esta dama...Gerente de la Monticello Drugs se encargó personalmemente de la dirección técnica de este hit de publicidad, que señala una época nueva, un camino a seguir en todos los sistemas de propaganda llevados a cabo en la capital de la República hasta la fecha. Procedimiento que indudablemente habrán de practicar las grandes empresas mexicanas si desean alcanzar el buen éxito de la señora Francisca Salas para sus negocios...".
Los diversos medios comprendieron que el fútbol avanzaba a pasos agigantados, uno de ellos, el que comenzó a tener mayor importancia entre la población por aquellos años: La radio, decidió también aprovechar lo que el fútbol cosechaba.
La radio se convirtió en un vínculo entre los aficionados y el fútbol en la década de los treinta y en la de los cuarenta. Muchos de ellos, solamente podían seguir a sus ídolos a través de este medio. En la capital y en provincia, se valían de la radio para conocer resultados al momento los domingos por la mañana, o para escuchar alguna de las esporádicas entrevistas que se hacían a los futbolístas tanto nacionales o a los extranjeros que visitaban tierras mexicanas.
Agustín González "Escopeta", Mario Fernández "Don Facundo, Alfonso Sordo Noriega, Fernando Marcos y Julio Sotelo "As", fueron algunos de los grandes cronistas de la radio que alegraban los corazones de los aficionados que gustosos esperaban la transmisión del partido de fútbol.
Las voces, las reseñas tan particulares, daban un matiz diferente al encuentro, tornándolo en diversas ocasiones muy emocionante, cuando en la propia cancha no lo era tanto.
En 1934, la radio transmitía por primera vez una eliminatoria de Copa del Mundo. "Don Facundo", con los cables que le llegaban desde Roma armaba para el aficionado de la X.E.Y.Z. los pormenores del encuentro. Los aficionados sufrieron cuando el célebre cronista daba la mala nueva de la derrota de nuestra selección a manos de los norteamericanos en la inauguración del estadio fascista. A través de la radio, supieron como Donelli, un ala cerrada de fútbol americano convertido en futbolista, clavaba cuatro goles al equipo de todos y dejaba a México sin mundial.
La final del Campeonato Nacional celebrado en 1936 en Guadalajara, era transmitida por la X.E.F.O. a la ciudad de México por quien años después sería llamado el decano de los cronistas Agustín González "Escopeta" y que en esos años apenas comenzaba. La transmisión, fue costeada por el gobernador del estado Everardo Topete pensando que el D.F. sería apabullado por Jalisco y quería que todo México se enterara. Al final, un rotundo 4-1 sobre los locales, llenaba de algarabía a los aficionados del Distrito Federal.
En 1937, la X.E.W. transmitía los "Conciertos de la cerveza Marca Monterrey, tipo Lager" los martes, jueves y sábado de 11:00 a 11:45 de la noche dirigidos por el gran Alfonso Sordo Noriega. Uno de los programas con mayor audiencia fue el del jueves 11 de marzo, en el que el invitado especial fue el defensa Carlos Laviada. El teléfono ericcson no dejó de sonar antes, durante y después del programa. Afuera de la estación, los aficionados permanecían en centenares esperando ver de cerca al recio defensa mexicano que acababa de llegar de España, en donde había jugado dos años con el Oviedo.
La radio creció tanto en importancia dentro del fútbol, que los equipos de la entonces Liga Mayor hoy llamada Primera División decidieron en 1939 que esta era la culpable de que los aficionados asistieran cada vez en menor número a los estadios.
Consideraban que transmitir los juegos perjudicaba sus intereses. Al parecer, los aficionados encontraban demasiado sabrosas las sabanas los domingos y preferían escuchar al pintoresco "Escopeta", al gritón Sotelo o al audaz Sordo Noriega que asistir al campo de juego que, para muchos, representaba un viaje de hasta dos horas por la distancia que tenían que recorrer. La radio -es cierto- había logrado un gran negocio con el fútbol, pero también contribuyó para acrecentar el número de aficionados al deporte de las patadas.
La Liga Mayor, reglamentó entonces la transmisión de juegos. Antes cada estación podía mandar su propio locutor y reseñar un partido que uno podía escuchar en la estación que deseara con su cronista favorito.
A partir de este año, la estación que pagara más es la que podía transmitir, además de que la propia Liga decidía si el partido se transmitía o no de acuerdo a la venta de boletos.
Como para toda regla existe una excepción, en 1940, la X.E.B. y su radio locutor exclusivo Julio Sotelo marcarían una pauta al elaborar un noticiero meramente futbolístico que transmitía noticias de este deporte en cápsulas de quince minutos tres o cuatro veces a la semana. Es así como se trataba de mantener un informe constante inclusive a la hora de los partidos. Un enviado por Julio Sotelo asistía al estadio y cada determinado tiempo, asomaba la cabeza por la barda para indicar al gran Sotelo como iba desarrollándose el encuentro. Así, sin micrófonos en la cancha y sin contravenir las órdenes de la Liga Mayor, y sin pagar un solo centavo, Sotelo –quien trasmitía desde un coche estacionado afuera del inmueble- informaba con toda oportunidad del desarrollo del encuentro.
Inclusive, se escuchaba el grito de gol de los aficionados que estaban a tan solo algunos metros de distancia dentro del campo.
Durante los años 40’, con la entrada de la provincia al concierto futbolístico, la radio se hizo imprescindible para llevar al creciente público las incidencias de su deporte favorito. La Liga Mayor había encontrado el negocio de su vida, recibiendo dos grandes partidas en cada encuentro; una por concepto de entradas, la otra por el derecho de transmisión. Solo superaría su auge años después, con la entrada de la televisión...
Hoy en día, encontramos decenas de canales que transmiten partidos de fútbol, ya sea por los abiertos o los de cable, podemos acceder a partidos de prácticamente las mejores ligas a nivel mundial.
Actualmente, es de lo más común escuchar de los contratos millonarios que se manejan en la transmisión de los partidos, pero hacia la primera mitad del siglo XX, en los albores de la televisión mexicana, esto era más que impensable. El futbol era visto como un deporte con una cauda creciente de seguidores, pero se desestimaba como un negocio.
Fue en 1956, cuando en México se llevó acabo el II Torneo Panamericano de Futbol, que cuatro años atrás se había jugado en Chile. Era el primer torneo internacional oficial de magnitud que organizaría nuestro país del 26 de febrero al 17 de marzo de aquel año.
Escuadras como la de Brasil, Argentina, Chile y Perú llegaban con lo mejor de su futbol sudamericano. México, los recibía con la ilusión de hacer un buen papel en casa con hombres como Jaime "Tubo" Gómez, Alfonso Portugal, Raúl Cárdenas y Pedro Nájera, Alfredo del Aguila, José "Chepe" Naranjo, Carlos Calderón de la Barca, Antonio Jasso, Salvador Reyes y por supuesto el incansable héroe de mil batallas Horacio Casarín.
El primer partido en disputa fue un México-Costa Rica y aquí se dió un hecho sin precedentes. El estadio de C.U. -entonces el mayor escenario en México- se abarrotó al máximo. A las afueras del inmueble más de ¡40,000 personas sin boleto¡ pretendían entrar y presenciar el partido y las autoridades fueron insuficientes para contener los ríos de gente que empujaban y se colgaban de las bardas causando un sinnúmero de lesionados. Los siguientes partidos no difirieron de este, miles de espectadores clamaban por un boleto, pero todos los de la serie estaban agotados.
Era tal el furor causado que el Departamento del Distrito Federal a través de la Oficina de Espectáculos Públicos pidió a telesistemas de México (hoy Televisa) que transmitiera los encuentros. Los directivos se encontraban renuentes; era algo que nunca se había hecho, pero aceptaron al ver que era incontrolable el número de aficionados.
Por primera vez en México el futbol se vería y escucharía a través de un aparato de televisión. ¡El éxito fue inmediato! Se alcanzaron los raitings más altos hasta entonces y en cada encuentro los mismos aumentaban.
Emilio Azcárraga Milmo, el magnáte televisivo sin salir de su sorpresa y dilucidando el potencial que tenía en sus manos adquirió tres años después al equipo más importante de la capital y uno de los de mayor número de seguidores en el país: El América.
Llenó entonces los espacios televisivos de fútbol, hizo al América a través de los medios al equipo más odioso, pero el que mejor vende.
A partir de entonces, la transmisión de los partidos de la liga nacional se ha convertido en uno de los negocios más exitosos de México...
Hoy en día, los medios se han apoderado del bello deporte que es el fútbol. Sabemos que el partido se programa en el horario que a la televisión convenga. Si no cuentas con televisión restringida, no puedes acceder a muchos encuentros, sobre todo los clásicos locales, como el Chivas-Atlas en Jalisco o el Tigres-Monterrey en la Sultana del Norte.
Ya sea por periódicos y revistas, radio, televisión y en los últimos años por internet, la manera de ver al fútbol ha cambiado, lo que no ha cambiado es la pasión que genera y que nos tiene hoy aquí, para hablar de este bello deporte que es el fútbol…
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