sábado, 27 de noviembre de 2010

QUIERO DARTE UN VERSO


Quiero darte un verso
Cuando estás presente
Y también cuando estás ausente…

Quiero darte un verso en el oido
Y que haga ese recorrido
Que te llene los sentidos
Y que llegue hasta tu boca…

Quiero darte un verso
Cuando al cerrar tú los ojos
Sientas que te toca el alma
Y que el cuerpo te provoca…

Simplemente quiero darte un verso
Hecho con pasión
Y con sentimiento
Quiero darte un verso en la boca…

Carlos Calderón Cardoso

viernes, 26 de noviembre de 2010

MONÓLOGO INCONFESABLE



Sueño contigo, ya sea dormido o despierto
Es algo que jamás podré contarte o decirte
[¡Suspiro!] Cómo desearía que supieras esto…

Hay razones que no se declaran,
por miedo a lo que pueda pasar
cosas que te guardas para ti
sentimientos atrapados

Quizá nuestros caminos jamás debieron cruzarse
Pero que bueno que lo hicieron.
Aunque no pueda confesarme…
Y mi corazón sea mudo testigo
Doy las gracias al cielo
Por haberte conocido.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

TU VOZ




Cuando escucho tu voz
Mi cuerpo siente,
Y mi piel trémula y viva
Se estremece.

Es como escuchar lo más querido
El canto del pájaro apreciado
El riachuelo que en calma te adormece
O el viento que te llena los sentidos…

Es el sonido que provoca
La flor que te alegra en primavera
El éxtasis que emana de tus labios
Llenando de colores lo que toca.

En ti
Hasta una mala palabra cobra sentido
Y se escucha como si de alabanzas se tratara
Creo
-Y no tengo duda alguna-
Que me he enamorado…

De tu risa…
De tus labios…
De tu boca…
Y de esa voz que tanto me provoca.

viernes, 12 de noviembre de 2010

ERES MÍA




Te veo en todas partes
Tu todo inunda mi mente
Entre el bullicio del día,
Entre las oscuridad de la tarde

Te veo cuando llegas
Y cuando no estás presente
En el frío de la mañana
o abrazando mis sábanas por la noche

y aunque no estés, yo te siento
y beso tu rostro invisible
recordando tus labios perfectos
que en mi mente ya son eternos.

Toco tu cabello recién bañado
Siento la tibieza de tus mejillas
Huelo el perfume de tu cuello
Y junto tus manos con las mías.

¿Eres un sueño o eres real?
Eres el sueño en las mañanas
Y eres real por las noches.

Porque cuando en realidad estás presente
No me perteneces,
Pero en la soledad de mi mente
Eres tan solo mía…

miércoles, 8 de septiembre de 2010

UN TIGRE SIN RAYAS





En la década de los sesenta, uno de los defensas más carismáticos, viriles y con unas agallas para pelear el esférico como pocos lo era Guillermo Sepúlveda. Como su apodo bien lo decía, Sepúlveda era un verdadero “Tigre” que, por las buenas o por las malas, impedía los avances enemigos.

Inició su carrera en el Atlas, pero sin duda sus mejores momentos los vivió con el Guadalajara, equipo con el que fue campeonísimo ganando varios títulos de liga. Seleccionado nacional en múltiples ocasiones, asistió a las copas del mundo de 1958 y 1962. Hacia 1966, ya con el equipo Jabatos de Nuevo León, Sepúlveda era el capitán de la selección y estaba a punto de jugar su tercera copa del mundo, pero algo ocurrió el 12 de junio de 1966 que cambió su vida para siempre.

México jugaría ese día contra el Totthenham Hotspurs en el recién inaugurado estadio Azteca. El técnico Ignacio Trelles comenzó a leer la lista de los que saltarían al campo. Los seleccionados sabían que los únicos seguros eran, como siempre, “La Tota” Carbajal, Isidoro Díaz y “El Tigre” Sepúlveda. Trelles gritaba el nombre y el indicado a su vez respondía ¡listo!.

Comenzó el rito: ¡Carbajal!.. ¡listo!., ¡Chaires!.. ¡listo!, Del Muro.. ¡listo!, cuando Trelles anunció el nombre del segundo defensa central el “Tigre” Sepúlveda se quedo helado, ¡Núñez!.. ¡listo!...

Tras una larga preparación, en el último partido en canchas mexicanas antes de partir rumbo al continente europeo, Sepúlveda ni siquiera era nombrado. No pocos fueron los que voltearon a ver el semblante del “Tigre”, quien no sabía que pasaba. Esperando a que Trelles acabara con la lista para preguntarle, de pronto vio que se acercaba el máximo dirigente del futbol mexicano, Guillermo Cañedo y el jefe de la delegación mexicana Felipe Zetter.

El presidente de la Federación Mexicana de Futbol se paró a unos metros del grupo, y con la mano le dijo a Sepúlveda que se acercara. Alzando la voz, para que todos escucharan, le dijo: “Agarra tus cosas y te me vas a la chingada. Aquí no queremos lidercillos que vengan a desestabilizar al grupo, pasa por tu liquidación porque tú a la selección no vuelves y ten mucho cuidado con esa bocota, porque hasta lo poco que te queda de carrera se te acaba”

Y dándose la media vuelta, Cañedo y Zetter se fueron como habían llegado.

Esta historia comenzó meses atrás, cuando en una concentración del tricolor, Sepúlveda –junto con otros jugadores- propuso que formaran la asociación de futbolistas para lograr ciertas canonjías, como lo son mejores sueldos y trato más justo a los futbolistas. Sepúlveda se puso en contacto con los líderes de los gremios de Uruguay, Argentina y algunos europeos, para saber como funcionaban. Dio su informe y formaron una comisión que sentaría las bases de lo que sería la asociación mexicana de futbolistas profesionales. Tenían planeado que antes del viaje a Europa se reunirían con los dirigentes para hacerles saber sus demandas, entre las que destacaban partidos a beneficio de jugadores ya retirados y que tenían una situación económica no muy estable. El primer partido a beneficio, sería para Juan “Bigotón” Jasso, ex capitán de chivas. En la comisión, destacaban como presidente el mismo Sepílveda, como secrertario Jesús Del Muro y como tesorero “La Tota” carbajal. Tres pesos pesados de la selección. Aquella reunión secreta, permanecería así por juramento. Nadie de los que tomaron parte diría nada hasta que la comisión entablara pláticas directas con directivos y periodistas…

Sepúlveda tomó sus cosas y se fue a los vestidores, para recoger su maletin y sus vendas. Tras de él aparecieron Carbajal, Del Muro y los demás seleccionados, salvo Ignacio Trelles que comprendió que no era momento para meterse en algo que le era ajeno. Molesto, Carbajal dijo que lo apoyaban y que estaban dispuestos a parar. Sepúlveda lo contuvo. “No mi Tota, si fueramos todos, pero ya ve que no es así…”

En el vestidor, ante todos, Sepúlveda anunció su separación del plantel, pero pidió que como hombrecitos, el soplón diera la cara. “-yo fui- dijo José Luis “La Calaca” González.

Sepúlveda tuvo ganas de golpearlo, pero apretando el puño soltó una maldición y se retiró del lugar, mientras que del resto, unos apoyaron al “Tigre” y otros, se fueron del otro lado con González. Era una selección dividida, pero desgraciadamente, casi todos pensaban como “La Calaca”, sentían que meterse en broncas les significaría estar fuera de la selección y lo que ellos anhelaban era jugar un mundial de futbol.

Extrañamente, los líderes del grupo, los que intentaban reivindicar la labor de los futbolistas fueron requeridos muy poco en el Mundial de Inglaterra. Carbajal, antes indiscutible del tricolor, sólo actuó en el último partido contra Uruguay, cuando ya la selección mexicana estaba eliminada. Jesús Del Muro, tan solo jugó ante Inglaterra, cuando era considerado el hombre de hierro de la defensiva mexicana y Sepúlveda, en el mejor momento de su carrera, ni siquiera fue convocado para ocupar un lugar entre los 22 jugadores que asistieron al Mundial de 1966.

Al Tigre lo humillaron, pero jamás perdió su dignidad, esa sí que la tenía bien puesta…

martes, 10 de agosto de 2010

“EL BOBO” MADRIGAL




Gustaba de tomar los sábados por la noche en una cantina del centro de Pachuca, de ahí, se iba al burdel de unas prostitutas amigas suyas y el domingo por la mañana, luego de curársela, directamente, con “sus amigas”, en un carromato, llegaba al estadio Revolución en donde era una de las estrellas principales del equipo tuzo.

Alfonso “El Bobo” Madrigal, nacido por cierto en Tepito, en la ciudad de México, era un jugador diferente. Su físico no parecía el de un futbolista: regordete, chaparro y de extremidades cortas, pero esto era engañoso; pegaba bien con ambas piernas, era corrioso, siempre luchaba el balón y tenía técnica, pero gustaba demasiado de la vida licenciosa y si no es porque los aficionados lo idolatraban, los directivos lo amaban y sus pases y goles eran muy necesarios en un conjunto carente de buenos futbolistas en aquellos años, varios directores técnicos lo hubieran corrido con gusto.

Madrigal jugó toda su carrera para el Pachuca, debutó el 3 de julio de 1966 y se retiró el 10 de noviembre de 1977. Casi siempre en segunda división, por lo que son pocas las imágenes que la televisión rescató de este singular elemento.

Era tal su carisma, que existía una porra que se dedicaba exclusivamente a lanzarle vítores cada vez que tomaba el esférico y realizaba una de sus acostumbradas escapadas. Otra porra, instalada en la cabecera de sombra, estaba compuesta por prostitutas, sí, las mismas que cada partido lo acompañaban y que pedían con gritos que el famoso “Bobo” entrara al terreno de juego, ya que por su estado, casi siempre crudo, no acostumbraba a jugar los 90 minutos.

Sin embargo, su vida bohemia terminó cobrándole factura. Alfonso Madrigal, murió el 16 de enero de 1980 cuando apenas contaba con 33 años, mientras festejaba un triunfo de su amado Pachuca.